2-0: El Madrid mata a un valiente Rayo en 15 minutos

17.02.2013 23:24

 

Crónica
Luis (@luis_portero93 en twitter)
El Madrid ventiló la visita del Rayo con dos goles madrugadores que hacían presagiar una noche plácida en Chamartín. Fue cualquier cosa menos eso. La expulsión de Ramos, que vio dos amarillas en 44 segundos enredó el partido hasta límites insospechados, en gran parte gracias a desgobierno del colegiado, que dejó de señalar un penalti clamoroso a Kaká y sembró el césped de tarjetas según los criterios más dispares.
 
Pero el arbitral no fue el único enredo de la noche. El primer foco apuntó a Adán, que esta vez ni siquiera fue suplente de Diego López. Se fue a la grada, en una giro surrealista más a la esperpéntica trama de los porteros en el Madrid. También destacó la suplencia de Benzema, que recibió de la misma medicina que Casillas en su día: jarabe de banquillo. Una receta tan vieja como el fútbol.
 
El puesto del francés fue ocupado por Morata, que no quiso limitarse a pasar de puntillas por su escenario soñado. A los tres minutos anotó el primer gol de su equipo, un gol de '9' puro, esa posición que tanto se extraña en el Madrid en muchos partidos. El Madrid coleccionaba llegadas por todos los perfiles, favorecido por un planteamiento casi suicida del Rayo. El partido pareció morir en el minuto 11, cuando Ramos, sobrado de físico, cabeceó una falta botada desde la derecha por Özil.
 
Entonces llegó el 'momento Paradas'. Expulsó a Ramos por doble amarilla en menos de un minuto. La segunda, por manos, fue una de esas acciones que nadie parece acertar a explicar. Hubo mano, pero no pareció voluntaria. Tampoco la de Lass por la que Mou reclamó la expulsión del rayista y estuvo a punto de ganarse la propia, lo que no habría sido novedad con este colegiado. La disparidad de criterios provoca líos como este.
 
Con diez, el madrid decidió cambiar de guión. Simplemente se limitó a esperar al Rayo y a buscar, sin demasida mabición, alguna contra. Los de Vallecas tuvieron mucho balón, pero pocas ideas. Piti se marcó un piscinazo escandaloso antes de que Mou decidiera darle el disgusto de la noche a Morata. En realidad, el técnico sólo tomó la decisión. La situación la habían complicado otros.
 
El recital del trencilla no tardó en volver tras el descanso, con un penalti escandaloso de Coentrao no señalado. Pero, aparte de eso, el Madrid no quiso y el Rayo no pudo. Su mejor ocasión, un buen remate de Piti, no lo sacó un defensa rival ni Diego López, sino su compañero Leo Baptistao. Pepe, que en el primer tiempo tuvo un enganchón con Chori Domínguez, le dejó un codo feísimo al brasileño, en un partido enfangado entre faltas, decisiones incomprensible, demasiadas amarillas y gestos poco edificantes. Entre tanta basura, con Cristiano desconectado, mención especial para Kaká. Está condenado a jugar los partidos menores, pero volvió a dar un ejemplo de honestidad. Un brote verde al que aferrarse tras una noche llena de líos en el Bernabéu.