3-1: El Madrid destroza al Betis con los suplentes, y Casemiro

20.04.2013 21:22

Crónica

Luis (@Luis_portero93 en twitter)

 

No hay partido fácil, especialmente cuando se pretende uno sencillo, sin sofocos ni lesiones. Eso quería el Madrid: ganar sin percances. Al final, sólo le quedó la victoria, que no es poco. Lo que no pudo evitar fue el susto, ni el herido, ni la sensación de que Cristiano vale por un ejército y Özil por un escuadrón. El Betis de Dortmund nada pudo contra ellos, aunque bien que lo intentó.
 
En líneas generales, podemos decir que el fútbol es lo que ocurrió entre el debut del joven brasileño Casemiro, la lesión de Marcelo y las lecciones de Beñat. La ligera superioridad del Real Madrid en el primer tramo se tradujo en el gol de Özil en el último minuto de la primera parte, adecuado momento para reflejar una superioridad ligera. Y algo parecido sucedió en la segunda mitad, cuando Özil completó el doblete sobre la línea y sobre el límite. No hay como el talento para deshacer empates.
 
El Betis, sin estar espléndido, tuvo ocasiones desde los primeros minutos. Pabón, por ejemplo, estrelló un disparo en el larguero, respuesta en madera al poste de Cristiano pocos momentos antes. Al equipo bético le faltó continuidad, sin embargo. Cuando tuvo la paciencia de tocar se le vieron maneras y peligro. Cuando cedió el micrófono a Beñat sonó bonito y afinado.
 
El Madrid, por su parte, dominó sin abusar. Le tentó la defensa adelantada del Betis y quiso burlarla por alto, aunque casi siempre se lo impidió el ojo de halcón del asistente, un lince con bandera. Su agudeza visual la sufrió como nadie Callejón, que se hartó de hacer desmarques y buenos controles sin utilidad alguna.
 
Casemiro, el primer protagonista de la tarde, no tardó en manifestarse como uno de esos bebés que nacen con un palillo en la boca, veteranos desde la cuna, tipos sin miedo, inmunes a la presión ambiental. Brasileño sin cosquillas, para resumir. Si necesitaba diploma, ya lo tiene. Lo intentó en largo y aprobó, aprobó en los cortes, en la presión, en la robustez y en el descaro. La velocidad será otro asunto a considerar.
 
La siguiente anotación señaló como víctima a Marcelo. Su lesión en el minuto 13 (obviamente) infringió la primera y fundamental consigna del partido: no hacerse daño. Lástima que el destino sea un ácrata. Marcelo se lastimó sin ayuda de nadie: se estiró mucho y raro, y algo crujió en su interior. Poco antes había ganado la línea de fondo como en sus mejores tiempos. El Madrid pierde el comodín del lateral atómico.
 
Diego López también quiso incluirse en la lista de nombres propios: su parada a Nosa, nada más iniciarse el encuentro, tuvo un efecto psicológico sobre la delantera verdiblanca, que desde entonces vio portero antes que portería. Se confirma que Diego López no sólo ha heredado el puesto de Casillas, también sus musas.
 
Insisto: la tarde parecía tan tranquila que los experimentos resultaban más atractivos que el juego. Varane cumplió como lateral derecho con proyección atacante y cabe preguntarse si no será también un delantero excelente o un formidable ministro de exteriores. Nacho, que pasó del lateral diestro al zurdo, es otro jugador con tantas posibilidades como una navaja suiza.
 
El primer gol del Madrid llegó cuando todos pensaban en el aire refresco del descanso. Özil y Benzema se conectaron con una mirada y la pared entre ambos dejó al jugador turquesa delante del portero, con el mundo inclinado a su favor. No falló, naturalmente. Ni se le pasó por la cabeza.
 
El tanto de Benzema, asistido por Cristiano, hizo pensar en la sentencia, pero la tarde se volvió de pronto rugosa y áspera, incierta. Proliferaron los golpes, las interrupciones y las lesiones rondaron en un buen número de encontronazos. Modric se retiró con un golpe, Benzema rodó por el suelo, Cristiano vio la amarilla… En ese clima, el Betis acortó distancias. Rubén Castro culminó una contra con un recorte de manual y Nacho lo atropelló como si fuera un mercancias. Jorge Molina convirtió el penalti (lo rozó Diego López) y el partido estrenó una sensación distinta: la emoción.
 
El clímax llegó entre el minuto 88 y el final del encuentro. Primero lo tuvo el Betis: Rubén Castro aprovechó una mala cesión de Carvalho y disparó al larguero; después Pabón no fue capaz de marcar bajo palos. En la jugada siguiente, el Madrid castigó la osadía. Cristiano lo inició todo y Özil remató la faena.